8/12/15

El ordenador de Digitalín (cuento)

Este cuento surgió de la lectura de uno de los cuentos de #Martes y su conversación posterior.


Digitalín era el hijo de dos frikis de la informática. En realidad, no se llamaba así, pero era el mote que le habían puesto los niños desde la guardería por su habilidad de manejar desde muy pequeñito todo tipo de aparatos y adminículos informáticos.

Móviles, tabletas y hasta algún que otro ordenador habían sido sus juguetes preferidos desde su más tierna infancia.

Llevaba con más o menos resignación dicho mote hasta que un día en la red encontró este cuento: Digitalín y los elfos.

Buscó todo tipo de información sobre los elfos y parece ser que tienen una especie de comunicación cuántica que les permite hablar con todo ser viviente e incluso, con los minerales más nobles.

Digitalín entonces, empezó a investigar sobre los ordenadores cuánticos.

Como todo lo que había hasta ese momento eran más bien desarrollos teóricos, pensó que sería entonces mejor volver con los elfos.

Pero lamentablemente, en los textos clásicos sobre los elfos no se había descubierto todavía la física cuántica por lo que era muy difícil llegar a algún tipo de conexión.

Cierto día, navegando por la red, dio con este artículo en el que se hacía esta pregunta:

— Hay un problema ético que también aparece en varias partes del libro: el uso que el hombre le da al conocimiento científico, lo que atemoriza incluso a los elfos que habitan el mundo cuántico en su novela. El hada Quiona dice que “nuestras elecciones definen quiénes somos”, y en la parte del diccionario usted escribe: “La ciencia puede hacer mucho bien, pero también mucho daño. Son nuestras elecciones las que harán decantar la balanza hacia un lado u otro”. ¿Hoy la humanidad está eligiendo correctamente el rumbo que toma la investigación científica?

Por fin había encontrado una referencia aunque fuera literaria. Por lo que se animó a seguir con sus investigaciones.

Al año siguiente, surgió un hecho curioso en su casa. Sus padres sometieron a votación de todos dónde se iría ese año de vacaciones.

Digitalín consultó todos sus datos y llegó a la conclusión que de seguir existiendo elfos, lo más probable es que estuvieran en Irlanda. Claro que no argumentó lo de los elfos en el debate para que sus argumentos tuvieran algo de consistencia. Así que habló solo de paisajes y leyendas en general.

A sus padres, les pareció bien y aquel año viajaron a Irlanda en sus vacaciones. Durante ellas, consiguió escabullirse de sus padres en un paseo por cierto bosque en el que la probabilidad de elfos era la más alta del país.

Las distintas leyendas que había recopilado lo condujeron a un fabuloso árbol con cierta apariencia de una puerta de entrada. Entonó lo mejor que pudo ciertas canciones que había ensayado cuidadosamente para la ocasión. Y ¡oh, maravilla! apareció una puerta que se abrió.

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Bajó por unas escaleras y encontró a unos personajes muy similares a como figuraban los elfos en sus libros alrededor de un aparato con cierta apariencia de ordenador. Pero sin tantos cables como los ordenadores de los humanos.

Digitalín se presentó con su nombre y mote y recibió una cálida bienvenida que entendía perfectamente aunque las palabras no le eran conocidas.

- Debe ser la comunicación cuántica -pensó.

Y a través de aquella extraña comunicación pudo comprobar que efectivamente, lo que estaba suponiendo, era cierto. Se trataba de un ordenador cuántico que no funcionaba con electricidad, sino con cierto líquido llamado digitalina que le recordó al cuento que he mencionado al principio.

Nueva sorpresa. La digitalina era efectivamente un extracto de la digitalis purpurea del cuento de #Martes al que le habían realizado ciertos conjuros élficos.

El resultado era un elixir que en la práctica, daba vida a cualquier aparato por el que pudiera circular. Aunque suene raro, eran ordenadores vivos.

Apenas habían transcurrido unos minutos y toda la información sobre la digitalina y los ordenadores cuánticos habían pasado de una forma que no se puede explicar con los conocimientos actuales al cerebro de Digitalín.

A los elfos, les hizo cierta gracia la coincidencia del nombre de la planta y su extracto con el mote del muchacho. Así que acordaron regalarle uno de aquellos ordenadores, pero de tamaño más reducido para que pudiera esconderlo fácilmente.

Desde entonces, Digitalín, mediante aquel ordenador, se comunica con los elfos y con todo ser viviente que tenga alguna relación con la digitalina.

2 comentarios:

  1. :D :D ¡Ya sé adónde iré de vacaciones el año próximo! ;)

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  2. En la 'Isla Imaginada', tienes abundante documentación sobre Irlanda y sus fabulosos habitantes.

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